El fundador del Grupo Mimara, Miguel Márquez, ha dedicado la mayor parte de su vida al cuidado de las personas mayores. Descubrió su vocación a los 18 años, cuando realizó una objeción de conciencia en una residencia de la tercera edad. A partir de entonces, estudió Auxiliar de Geriatría, Auxiliar de Clínica y Enfermería.
Posee el título oficial de Enfermero Especialista en Enfermería Geriátrica, el Postgrado de Gestión de residencias y servicios para personas mayores, un máster en Gestión Sanitaria y otro en Psiquiatría. Asimismo, también cuenta con un postgrado de Enfermería Psiquiátrica y Salud Mental, además de cursos de coaching, gestión de equipos, atención al paciente y calidad asistencial, o de marketing de servicios. Por otro lado, en su empeño por la mejora constante, continúa con su formación y actualmente está cursando un MBA en gestión de empresa.
Lleva casi 35 años dedicado al sector sociosanitario y más de 25 entregado a la creación de hogares para personas mayores. Su filosofía de trabajo es el resultado de toda una trayectoria profesional donde el trato personal, el bienestar de los residentes y de sus familias, la transparencia y la excelencia en los servicios, son pilares fundamentales. Un estilo propio que inspira a todos los profesionales en cada uno de sus centros.
Para Miguel Márquez, el éxito radica en el amor que siente hacia su profesión y hacia la labor social que aporta para conseguir un mundo más justo, social y sostenible, donde nuestros mayores y personas más necesitadas ocupen un lugar de respeto y crecimiento.
Tras la gestión realizada durante estos primeros 25 años, donde se suma el hecho de afrontar una pandemia que ha afectado de manera directa al sector sociosanitario, el Grupo Mimara ha recibido diferentes reconocimientos y premios. Miguel Márquez acaba de publicar ‘El Milagro Mimara’ con la editorial barcelonesa ‘Testimonios para la Historia’, donde narra su biografía personal y profesional. Más que una historia de éxito como empresario, el libro construye un relato íntimo marcado por el esfuerzo, la familia y el contacto constante con la fragilidad humana.

